Me están comiendo los gusanos, me devoran. Me estoy ahogando en mi propia mierda, eso sí, llevo toda una vida así y nadie me ha echado jamás una mano. Los creyentes tienen a un sacerdote que les guía, los niños tienen madres, el marido tiene la mujer, ¿y yo? Soy la nada y me relaciono con eso, la nada.
Harta de limpiar los zapatos de los ricos con sangre equívocamente en vez de con betún, llega un punto en el que la vida tiene más espinas que pétalos, es ahí cuando querría perderlo todo y, finalmente, perderme a mí.

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